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CRM y Ventas

Renovaciones sin la corredera de última hora

Toda agencia sabe exactamente cuándo vencen sus pólizas. El dato está en el sistema, correcto y disponible. Y todos los años un porcentaje se cae igual, porque saber una fecha no es lo mismo que hacer algo con ella.

Calendario y documentos de pólizas sobre un escritorio

La temporada de renovaciones tiene una forma reconocible en casi toda agencia, y no es buena. La lista se saca unas semanas antes. Alguien empieza a bajarla. Las fáciles salen rápido. Las complicadas se apartan para cuando haya tiempo. Después el mes se acaba, entra la tanda nueva, y las complicadas del mes pasado ya vencieron.

Nadie decidió dejarlas ir. Simplemente no sobrevivieron al choque con un número finito de horas.

La cuenta que hace esto caro

La retención es la palanca más silenciosa de una agencia. Una cartera que retiene 88 por ciento contra una que retiene 82 no se siente muy distinta en el día a día, pero a cinco años esas dos agencias no tienen el mismo tamaño.

La razón es que se acumula. Cada póliza que conservas es una que no tienes que reponer, y reponer consume esfuerzo de captación que pudo haber ido a crecer. Una agencia que pierde seis puntos de retención al año corre para quedarse en el mismo lugar, y los productores lo sienten aunque los reportes no lo digan así.

Lo que lo empeora es cuáles pólizas se caen. Casi nunca son las que uno escogería perder. Los clientes contentos pero ocupados son justamente los que ignoran un aviso de renovación, y justamente los que un competidor levanta con una sola llamada.

Por qué el recordatorio no alcanza

Casi todas las agencias mandan algo. La compañía manda su aviso, la agencia manda un correo, a veces los dos.

La razón de que rinda poco es que un aviso de renovación no es un motivo para responder. Le dice al cliente algo que ya sospechaba y no le pide nada. La respuesta lógica a un mensaje que no pide respuesta es no responder.

Lo que sí mueve al cliente es una pregunta concreta sobre su situación concreta. ¿Agregaste el segundo camión que mencionaste? ¿El edificio sigue valiendo lo que aseguramos? Dijiste que ibas a contratar, ¿se dio? Esas preguntas reciben respuesta, y la respuesta abre una conversación donde tú eres el asesor y no la factura.

El problema nunca fue que las agencias no supieran esto. Es que escribir esos mensajes para cuatrocientas renovaciones no es algo que una persona haga bien ni de forma consistente.

En qué es buena la automatización acá

Vale la pena ser preciso, porque “automatizar renovaciones” significa cosas muy distintas según quién lo diga.

Funciona bien automatizado: identificar qué renovaciones necesitan atención y cuándo, con más criterios que la fecha de vencimiento. Valor en riesgo, si tuvo reclamos, si hace dos años que no se revisa la cobertura, si el cliente se quedó callado. Juntar el contexto que el productor necesitaría antes de llamar. Redactar el contacto con ese contexto adentro. Mandarlo por el canal correcto e insistir si no hay respuesta. Escalar a una persona cuando la respuesta necesita criterio.

No funciona automatizado: el consejo. Si el cliente está mal cubierto, si conviene salir al mercado, si el historial de reclamos cambia la estrategia. Eso es tu trabajo y es la razón por la que el cliente te paga.

La distinción importa porque las agencias que automatizan el criterio terminan con clientes que se sienten procesados, y las que se niegan a automatizar cualquier cosa terminan con productores gastando la semana en recolectar datos en vez de en conversar.

Cómo se ve en el día a día

Una renovación comercial aparece a 120 días. El sistema la marca, no porque llegó la fecha sino porque la cuenta merece atención: tres pólizas, sin revisión de cobertura en dos años, y el negocio creció según lo que el cliente le contó a un productor en junio.

Arma lo que el productor necesita. Cobertura actual, qué cambió desde la última renovación, reclamos del periodo, notas de las últimas dos conversaciones, qué están pagando cuentas parecidas en la cartera.

Redacta un mensaje que menciona lo que el cliente dijo del crecimiento y le pregunta si su cobertura debería reflejarlo.

El cliente contesta. Ahora el productor retoma una conversación que ya va a medio camino de una revisión, en vez de arrancar desde “tu póliza vence”.

Si no contesta, el sistema intenta otra vez por otro canal a la semana, y después lo pone en una lista de llamadas antes de que se cierre la ventana.

Nada de eso es tecnología exótica. Es un sistema que sabe lo suficiente de la cuenta para ser útil, y un flujo que no depende de que alguien se acuerde.

Cómo saber si funcionó

La tasa de retención es el número obvio y el más lento en moverse. Mira estos primero.

Tasa de contacto. Qué porcentaje de las renovaciones tuvo una conversación real de ida y vuelta antes del vencimiento. En agencias que lo hacen a mano suele estar por debajo de la mitad. Ese número se mueve en un solo ciclo.

Días de anticipación. Qué tan antes ocurrió el primer contacto que valía. Una renovación trabajada a 90 días cierra distinto a una trabajada a 15.

Revisiones de cobertura hechas. Cuántas renovaciones terminaron en una mirada real a si la cobertura todavía calza. Esta es la que convierte retención en crecimiento de cuenta, porque las revisiones encuentran huecos y los huecos se vuelven pólizas.

Intentos con los que no contestan. Cuántos intentos antes de rendirse, y por cuántos canales. La mayoría de las pólizas que se cayeron tuvieron un solo intento.

Dónde se equivocan las agencias

El error más común es automatizar la punta equivocada. Se invierte en mandar más mensajes más rápido, los mensajes siguen siendo genéricos, la tasa de respuesta no se mueve y la conclusión es que la automatización no sirve para nosotros.

El segundo es tratar todas las renovaciones igual. Una póliza de auto personal y una renovación de paquete comercial necesitan anticipación distinta, profundidad distinta y personas distintas. Un sistema que las trata igual, o sobreinvierte en las chicas o descuida las grandes.

El tercero es no cerrar el círculo. Automatización que manda mensajes pero no registra qué contestaron te deja con el mismo problema en formato nuevo: información que existe pero no está donde alguien la pueda usar.

Empezar en chico

No hace falta sistematizar toda la cartera de una vez. Toma el veinte por ciento de mayor ingreso y corre un ciclo bien hecho: contacto más temprano, contexto real, seguimiento por más de un canal, y una nota registrada cada vez.

Compara ese grupo contra el resto al cierre del trimestre. La diferencia suele ser lo bastante visible como para que nadie tenga que discutir si vale la pena hacerlo con el resto.


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Preguntas frecuentes

¿Un contacto automático de renovación no se siente frío?

Depende por completo de qué diga el mensaje. Un correo genérico avisando que la póliza vence, sí. Un mensaje que menciona la cobertura real del cliente, qué cambió desde el año pasado y le hace una pregunta concreta, no, y automatizar es lo que hace posible mandar eso a escala.

¿Y los clientes que nunca contestan correos?

Ahí importa usar varios canales. Hay carteras que responden mucho mejor por mensaje de texto, sobre todo clientes comerciales que viven en el teléfono. El sistema debería intentar por donde el cliente sí está, y pasar a llamada de una persona si no hay respuesta antes de cierta fecha.

¿Con cuánta anticipación hay que empezar?

En personales, entre 45 y 60 días es lo común. En comercial con algo de complejidad, de 90 a 120, porque revisar coberturas y salir al mercado toma tiempo. Empezar tarde significa competir por precio contra el reloj, que es la peor posición para negociar.

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